Link de artículo completo (en inglés): http://www.newsweek.com/2010/04/30/why-i-hate-3-d-and-you-should-too.html
Contra la euforia desatada por el 3D al interior de las salas de cine (con un promedio de estrenos en 3D al mes), Roger Ebert apunta una serie de contraargumentos con los cuales persigue una tesis tan simple como recalcitrante: el 3D no sirve ni servirá nunca. No estamos, por lo tanto, frente al "futuro del cine", como querría George Lucas (ver nota anterior de este blog: "El evangelio (en 3D) según Lucas")
Su crítica comienza por reducir la aparente "fascinación" de la experiencia a los efecto de sugestión frente a la novedad, cuando no a una mera tomadura de pelo, puesto que nosotros ya vemos (cine) en tercera dimensión (al percibir las imágenes bidimensionales proyectadas en una pantalla, nuestro cerebro las procesa e interpreta de tal manera que el reconfigura el espacio de la representación, es decir, introduce la tercera dimensión.) Para decirlo crudamente: el artificio estereoscópico no agrega nada a la experiencia de ver cine, a menos que sea opacidad (las imágenes en 3D son más oscuras que las normales), posibles náuseas y dolores de cabeza, una fuente de distracción, como ya se dijo, innecesaria, y, por supuesto, un jugoso aumento en el precio del boleto (además de las ganancias producidas por las ventas de los sofisticados y costosos proyectores digitales a los exhibidores.)
Los reparos de Ebert no se detienen en esta enumeración de los inconvenientes fisiológicos y económicos del nuevo formato, pues también aborda la cuestión desde el punto de vista del contenido mismo de las´, diciendo, por ejemplo, que le es dificil imaginar un drama "serio"en 3D.
Es en este punto en que la disertación de este prestigioso crítico toca el núcleo del problema: la recurrencia, por parte de Hollywood, a la tecnología como estrategia para ofrecer nuevas "experiencias", irreproducibles por los medios disponibles en un contexto doméstico. La ambición, como siempre, es combatir la amenaza que para las ganancias representan otras vías de consumo.
En realidad, Eberto no se opone al 3D como opción, pero sí como la tendencia general y progresivamente dominante (por imposición) que Hollywood quiere hacer de él, tendencia que va en detrimento del cine de calidad, al privilegiar los contenidos pueriles, aderezados de grandilocuente pirotecnia, que sólo persiguen el entretenimiento palomero.
Por David
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